7.12.10

Nada más honesto en estas paginas enrojecidas por encias sangrantes (por qué es tan atractivo el patetismo)

(Carta encontrada en la terminal del Metropolitano en Benavides)

Siempre me ha gustado utilizar "demonios" como algún tipo de personificación o lo que sea de los pensamientos o actitudes oscuras. Todavía tengo un demonio entre las costillas que orina ácido sobre este órgano tan mitificado. Se aparece cuando comprendo nuevamente que existes, y por eso he tratado de evitarte. Todavía, y está bien, trato de lidiar con ello.

La falta de correspondencia emocional entre personas me confunde. Como conclusión puedo teorizar que la correspondencia equitativa y recíproca es a lo que todo buen romántico aspira.

Siento que he sido usado alguna vez. Sienten que yo los/las he usado. La persona que se justifica intenta negar que ha usado. ¿Actuar para recibir amor de esa persona no es usarla para satisfacer esa carencia? Como se ponga, es un uso. Tenemos tantos vacíos que buscan agua. Siempre es
satisfacerme/nos y si el otro logra hacer algo con mis/nuestros residuos excretados sin esfuerzo alguno porque nuestros esfínteres ahora son polvo...

Yo he sido usado. Admito que aun no me repongo
completamente. Admito entender la fuerza detrás de este uso en particular, y admito que he hecho algo parecido, quizás más vil. Entiendo que la persona que no recibió su parte en el trato se puede sentir usada. Lo ven como una estafa.

Intento encontrar un punto de compromiso en este asunto. Si lo primero nunca se olvida, y lo último no suele volverse recuerdo por ausencia de tiempo, ¿quién mierda podrá defendernos? Deseo con toda mi fuerza renunciar a este ridículo sorteo, pero en el fondo quiero ser premio y ser premiado.

Tan, pero tan cerca. Quiero, pero no sé si tengo el espíritu suficiente. Para esto se necesita fe, y la fe,
perdóname Yahwhe, se inspira.

El patetismo es tan atractivo y engañosamente absorbente. ¿Y qué de ese calor cuando piensas en esa persona dorada? ¿Y qué del ligero
humedecimiento de los ojos cuando aciertan en lo más profundo? ¿Y qué, dime coño coño qué del brillo en los ojos de un extraño? ¿Y qué de los pelitos de esa planta carnosa? ¿Y qué de reconocer que nunca llegarás a ese punto de encuentro porque ningún vacío personal puede ser llenado con algo ajeno? ¿Y qué había dicho del patetismo? Regresó. La palabra clave, muchachos hermanas eternos viajeros, es ajeno. Me despido cordialmente y espero nunca más tener que escribir algo así.

Juan