20.6.11

A mí qué chucha tú

NO BORRES POR CENSURA NI ESTILO, ES UN BORRON

Ayer entendí, de manera diferente, a la literatura, particularmente el proceso de su creación. Leyendo un cuento de Borges, encontré algo que dijo sobre sus poemas. Algo así como que escribía un poema, y si alguien lo entiende, genial.
Escribir un poema es un placer para el poeta. Lúdicamente encuentra la manera que más le gusta para describir cierta emoción, circunstancia, lugar, etc. La creación es para el creador. Compartir lo creado no es más que dar un papel a alguien.

Mi memoria para ciertas cosas no sirve, por lo que no sé si esta aproximación es algo nuevo para mí, o si ya lo sabía y por alguna razón lo olvidé.

Se me ocurren dos razones. Mi descubrimiento del sabor placentero del éxito es una. Alguna vez gustó mucho lo que creaba, y por un temor al éxito (o amor enfermizo al fracaso), o flojera (o adicción a la gratificación instantánea) dejé de escribir.

Quizás buscaba una gran idea, algo que resonara en los demás. Después de todo, gracias a ellos gocé de ese pequeño éxito.

Miento cuando digo dejé de escribir. De hecho tuve impulsos cincominuteros de escribir, pero las ideas nunca se enlazaron, nunca crecieron. Este momento es el más largo, desde el éxito, que he tenido.

Escribía guiones. Desde niño hasta los primeros años de la universidad escribía cuentos. Quería ser escritor. Un amigo me inspiró, y la imposibilidad de hacer cine que mi mente albergaba muy escondidamente desvaneció. Cineasta, guionista, director, eso sería.

El guión se escribe en tercera persona. Ignacio se sienta, frente a un papel en blanco, y se pregunta en qué persona escribir su cuento. La inmersión en el guionismo me limitó bastante. No solo por la restricción de usar tercera persona, tambien por ser un medio en general visual. Los amateurs usan voice-overs, los ineptos se exceden con los dialogos.

Para saber desconstruir tienes que saber construir, me repetía, tratando de apaciguar mi rebeldía y desdén por las reglas del guionismo. Funcionó, a tal punto de paralizarme. Yo no sé qué quiero ser. Tampoco sé qué soy. Sé que soy, y que quiero ser.

Usando el término de manera amplia, mi generación vive en dos mundos. Como las anteriores, nos desenvolvemos en el mundo físico. Para esto, solo me estoy refiriendo a la existencia en cuanto a relaciones interpersonales. A diferencia de nuestros padres y abuelos, existimos en un mundo virtual.

Este mundo virtual no tiene las mismas barreras que el físico. El ejemplo más cercano que se me ocurre es el de una pelea entre un chico y una chica que se gustan. En lo Físico, una riña comienza cuando los dos se encuentran, están en presencia del otro, y termina cuando cada uno va por su lado. Los muchachos procesan lo ocurrido, y aparece l'esprit de l'escalier. -Le hubiera dicho tal cosa, la próxima vez que la vea le diré esto-. El hecho de estar físicamente separados impide que se digan estas nuevas ideas, que pueden ser vengativas u ofensivas, causa del dolor o molestia. Sí, podrían mandarse mensajes de texto o llamarlo, pero asumamos que no existen celulares.

Ahora, los muchachos tienen la misma pelea, pero la conversación ocurre por la computadora, en una ventana de chat. Si alguno de los dos se desconecta, el otro puede seguir escribiendole, sabiendo que sus palabras serán leídas la próxima vez que se conecte el destinatario. Esto, para una persona que no controla muy bien sus impulsos destructivos, es letal.

¿A qué viene todo este tema? Desde hace mucho tiempo he evitado la presencia de la tecnología moderna en lo que escribo. Intentaba escribir historias así, según el anterior yo, para darles un tono anacrónico. Creo que la razón más certera es una reflexión que tuve hace unas horas, mientras fumaba un cigarro.

He tenido una relación, a la que hoy puse fin (lo será?), que ha consistido casi exclusivamente de comunicación por chat. La razón por la que no nos hemos visto mucho, en persona, es algo absurda en mi opinión. Absurda como para volver esta relación en un cuento. Estaba en mi balcón, pensando que escribirlo me daría un desenlace y cierre emocional, y me di cuenta que sería ridículo ver una película que consista de tomas cercanas de las conversaciones de chat.

13.6.11

Mina de oro

1. La gelidez del acero inoxidable suizo desaparece.
2. La calidez de los instrumentos de cuerda aparece.
3. La corazonada positiva o negativa se debe probar.