Siempre tres cadenas en una Mi sonaja
Sisifeo Mi roca para triturar Mis mordazas,
No se quiebran, se raspan, la piedra me aplasta,
Sin aire fallezco y los chasquidos me atrapan.
Renacen estos ojos; el mundo brilla como antes.
Me seducen sus aristas, sus vértices me cansan
Cierro los ojos y, entre retina y párpado,
Veo incinerado el sol de hace un instante.
Recuerdo, y me recuerdo, y veo:
No hay cadena que romper, sólo un eslabón.
Encuentra el primero y no lo golpees, no lo chanques;
Corroe su soldadura con visión penetrante.
Y si tus olas son tímidas y no la oxidaran,
Haz lo contrario, esfuérzate y haz nada:
El corazón herrero la calienta y la templa:
Detén el fuelle mental, no la fortalezcas.