C. era el rey de los nihilistas. Cuando queria que otros lo vieran, iba al parque a sentarse en una banca con un libro, de un autor nihilista, y leía. Los demás nihilistas se acercarían de a pocos, y se sentarían cerca, a fumar o a leer, a tomar un café o a discutir Lao-Tse. C. los miraba a ellos de vez en cuando, ellos enrojecian y miraban a C., quien de vuelta enrojecia sutilmente. Todos eran felices. A C. le gustaba el cine. El cine de los nihilistas. Veía a Godard más que nada. Le gustaba el realismo, porque lo real era lo gracioso. C., por lo tanto, estudió cine. Entró en crisis, y decidióse por hacer una pelicula realista, basada en él.
Puso camaras en su departamento, que filmarían tomas de perfecta composición, y las llevó a televisores por todos esos lugares filmados. ¿Quien vería esto? Pues nadie más que C. Quien más perfecto para ver al más perfecto de los perfectos? La muchacha de C. le contó a sus amigas muchachas lo que sucedía , quienes le contaron a sus patronas perfectas, y ellas le contaron a sus amigotes perfectos. Lograron hackear la toma de video y pusieron televisores gigantescos por toda la ciudad. Veian lo que veía C.. Nada jamás había sido tan bello. Y fue la toma secuencial más larga en el cine.
